REVISTA Ñ (Clarín)

Por Virginia Cosín

 

Rodeo

Dramaturgia y dirección: Agustina Gatto

Con: Germán Rodríguez

 

 

Algo está pasando con el Western por estas pampas. El estreno de la película de Fernando Spiner basada en el cuento de Antonio de Benedetto, Aballay, puso de manifiesto una tensión, siempre latente, entre la figura del cowboy norte-americano y la del gaucho sud-americano. Mientras la película se filmaba en los imponentes paisajes tucumanos con una producción importante, en otro rincón de Buenos Aires una dramaturga/directora y un actor se reunían para ensayar una obra que pondría sobre un pequeño escenario del circuito off esa misma tensión en escena. El resultado es una reflexión que, en poco menos de una hora de representación, indaga sobre la identidad de un país.

La obra se llama Rodeo. La escribió y la dirige Agustina Gatto (Ifigenia En, Buscado). Germán Rodríguez (Rodando, Absentha) es el actor que se la carga al hombro y hace de la potencia de un texto magnífico un acto deslumbrante.

En “El Western o el cine americano por excelencia”, André Bazín, fundador de la revista francesa Cahiers du Cinéma, se pregunta por qué públicos de los más diversos rincones del planeta responden con tanto fanatismo al western, un tipo de relato que evoca los comienzos de los Estados Unidos de Norteamérica. Luego de ensayar algunas respuestas, concluye que su poder de atracción no radica ni en los paisajes, ni en los decorados, ni en la rutilancia de las estrellas, ni en la capacidad de entretener, sino en que constituye un mito. Un relato del origen. Que no es lo mismo que un relato ceñido a la realidad histórica, porque, explica, “las relaciones de la realidad histórica con el western no son inmediatas y directas, sino dialécticas” Ese ejercicio dialéctico es el que pone en marcha Rodeo.

Ya antes de ingresar a la sala, con el programa en mano, nos encontramos en el terreno ambiguo de la polisemia al que el nombre de la obra nos arroja. Rodeo es, entre otras definiciones, para la Real Academia Española: “Reunión del ganado mayor para reconocerlo, para contar las cabezas o para cualquier otro fin”. Y eso somos, espectadores, frente a Cody Right, el vaquero que nos espera paciente mientras nos sentamos en las tarimas de la platea. Una vez que nos acomodamos, empieza a hablar. Nos habla a nosotros. Nos ha reunido. Nos tiene rodeados. Nos cuenta su historia. La historia de otro rodeo. De un rodeo como desvío. Aquel que da el barco que lo llevaba desde su Texas natal a Europa junto a su madre y lo trae, por error, a la Argentina. Pero antes nos cuenta la historia de su padre, un forajido. Y nos habla de su abuela y de su madre. Y de un caballo endemoniado. Y de la yegua que le regala su padre. Nos lo cuenta con un lenguaje en el que se cruzan los estereotipos de las películas yanquis con la tonada gauchesca. Porque Cody Right creció en la pampa, pero no es ni gaucho, ni cowboy. No va a la pulpería. Pero tampoco va al saloon. Cody, en cambio, va al “Salún”. Usa sombrero de cuatrero y toma mate. Cuando se emborracha y se trenza en una pelea, no usa facón y poncho. Desenfunda su Colt y pega un par de tiros. Habrá crecido en la Argentina. Pero sabe bien de dónde viene. Y a dónde va. Conoce su destino. Un destino que, dice, es divino y no es otro que el de la conquista.

Exploratoria y clásica a la vez (la obra se desarrolla en tres aristotélicos actos), Rodeo consigue, con una notable economía de recursos, apoyarse en varios de los ejes centrales del western como género: el cowboy, hombre cristiano blanco que tiene que arreglar cuentas con la justicia, cuya moral no es la de la ley escrita; la relación con las mujeres que representan la santidad, la pureza y la ingenuidad (para no decir la estupidez), el caballo como fiel compañero, símbolo del brío, de la fuerza y la “pura sangre”; la inmensidad del paisaje y el pueblo con sus construcciones íntegramente hechas de madera que prefiguran, en medio de las praderas, desiertos o peñascales –como señala nuevamente Bazin- la futura civilización. ( la escenografía de Anabella Gatto consigue una síntesis perfecta de paisaje, alambrado, pueblo, con apenas una tarima y un cerco hechos con tirantes de madera). Y, al mismo tiempo, entra en diálogo con los teóricos que conformaron a principios del siglo XIX una idea de país que aún pervive.

A medida que Cody Right nos rodee más y más con su lazo y nosotros, ganado, nos apeemos junto a él, más chocante será la sorpresa cuando nos demos cuenta de que nos tiene completamente atrapados.

 

http://www.revistaenie.clarin.com/escenarios/teatro/Rodeo-Agustina-Gatto_0_543545679.html

El caleidoscopio de Lucy

por DANIEL GAGUINE

 

El hombre está solo y camina. Va y viene como un toro que espera salir al ruedo pero no. Es un hombre con sombrero, botas, acento norteamericano pero que toma mate. Cody Right es de Texas pero llegó a Argentina por un pasado turbio aunque en la tierra de las oportunidades como nuestra patria, encuentra su lugar en el mundo. No obstante, la puesta es mucho más profunda. Se entremezcla la identidad y los valores que representa esta. Porque el que viene, establece la defensa de “su” tierra frente a ellos, los otros invasores, que ponen en duda sus valores. El texto mantiene la coherencia en las palabras de un Cody Right que viene de una familia digna (como todos), que hacen lo que pueden con su vida (como todos) y que también creen en Dios y los designios y pruebas a las que nos somete el Todopoderoso. Entonces, el momento de quiebre en la puesta coincide con el que hace en el interior de cada espectador, al ver como ese discurso se transpola a una furiosa vigencia y actualidad. El texto es riquísimo y logra su exacto correlato en un Germán Rodríguez (alma mater de la excelente “Rodando”) especialista en este tipo de unipersonales en los que se hace carne de las palabras que salen de una dramaturgia excelente pergeñada por Agustina Gatto (la sublime“Ifigenia en”). La identidad del cowboy y el gaucho se entremezclan en un contexto donde la segunda palabra de esta oración es fundamental en su concepto. Porque en esa palabra se resignifica toda la puesta, a través de las palabras de Cody, en el como y el por qué las dice asi como en relación a los destinatarios de las mismas. El ejercicio de relacionar lo escuchado con los diversos contextos de nuestra historia da en el centro de nuestra existencia, a través de una toma de judo teatral que deja al espectador en una puesta de espaldas conceptual. Porque lo que piensa (y dice) este texano –no en vano se eligió Texas como lugar de origen de este hombre, con las particularidades de esta ciudad- está tan arraigado como cierta conciencia de clase media bien pensante, poseedora de un discurso poco felíz aunque aceptado –y votado- socialmente. La escenografía y la iluminación dan el marco adecuado para que la sutileza se haga presente en una obra que, a través de palabras y guiños implicantes, logra esa complicidad acusatoria que hace ruido. La puesta es atrapante en su ritmo y capta la atención de tal manera que, cuando termina, la sorpresa es tal que no hay reacción. Y más aún con la última frase con la que cierra el espectáculo. “Rodeo” es de esos espectáculos que le dejan más de una idea al espectador que, al pensarla, percibirá que lo visto fue mucho más que sublime. 

 

http://elcaleidoscopiodelucy.blogspot.com/2011/07/rodeo-teatro.html

 

The Gaucho and Cowboy Face Off in ‘Rodeo’

Cody Right cowboy turned gaucho (Photo: Hernán Corera)

Two parallel archetypes of North American and Argentine culture are the subjects of ‘Rodeo’ by playwright Agustina Gatto.

Halfway through the one-man show, Cody Right, a western cowboy with a rimmed hat and a thumb lodged under his belt, sits down on a bench, takes out a thermos, and pours himself a mate. The cowboy has been forced to flee Texas because of a family crime, and finds himself far from his native land in the home of the gauchos.

The image of a rugged Texan sipping mate rather than, say, sucking on a cigarette as the ‘Marlboro Man‘ did for nearly fifty years is exactly the kind of cultural dissonance Gatto is trying to create in her newest work. Gatto plays on stereotypes and clichés of the two archetypes and in the process, reveals something larger about national identities of both the United States and Argentina.

“The cowboy and the gaucho are born walking over the bodies of indigenous peoples and have a dark and conflictive relationship with their own origin” Gatto explains over email. “Because of this, they embody the history of the colonization of America.”

Agustina Gatto’s thought process may go deep into the wounds of the past, but the play itself focuses on an earnest cowboy driven far from his father, and far from his motherland. “I’m going to tell you a story,” begins Cody Right, played by actor Germán Rodriguéz. The cowboy goes on to relate that the three sons of his grandfather had a plan to rob a bank. When the bank robbery went awry, he and his mother were forced to flee. In a move that calls to mind the notorious bank robber Butch Cassidy’s escape from the law, they settled in Argentina, a place that thankfully reminded them of home. In Argentina, after a run-in with a gaucho and a guitar-strummed ode to the past, Cody Right sets about clearing his tarnished name.

The actor speaks with a vernacular Argentine Spanish, exposes a decidedly protestant ethos, calls revolvers by their names (“Colt Dragoon” and “Winchester Yellowboy”), and of course, drinks mate. In short, Cody Right enacts a mix of the gaucho and cowboy mythology.

The two archetypes share many similarities: a lifestyle on the open land once occupied by indigenous peoples, a dismissal of law and order, and more than anything a powerful presence in culture, politics and identity formation of Argentina and the United States.

The gaucho, scorned in Domingo Faustino Sarmiento’s 1845 book, ‘Facundo‘ was rehabilitated 30 years later by José Hernandez’s poem, ‘Martín Fierro’, which describes a victim of authoritarian society who had been stripped of an idyllic past. Following the iconic poem, literature and cultural references that idealized the gaucho took off. Representations of the cowboy, although far removed from the original animal herder of the 19th century, are also of course rife in United States culture. One only need think of John Wayne flicks, Frye boots or Ronald Reagan’s exalted status as a “self-made man”.

‘Rodeo’ does more than explore what might happen if a fugitive cowboy of the 19th century came face to face with gauchos. The play reminds us of how much influence these archetypes continue to have in the way the two countries present themselves to the world, from former president George W. Bush’s ‘cowboy diplomacy’ ‘cowboy diplomacy’ to the gaucho as a mainstay in Argentine tourism.

The short production takes place at the intimate theatre, NoAvestruz, which is celebrating its 10th anniversary this year. Their café offers a modest selection of empanadas and bruschettas, and there’s little of the routinized engine of larger theatres: the employee who rips your ticket also gives you a personal reminder to turn off your cell phone. The audience reclines on pillow-softened bleachers in a theatre that seats no more than two-dozen.

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GEOTEATRAL

 

 

3.julio.2011

 

 

Germán Rodríguez brilla en el personaje del cowboy “Cody Right”. En el comienzo relata minuciosamente el robo de un banco que llevaron adelante el padre y sus tíos. Los infortunios ocurridos en el mismo, hacen que la madre lo suba junto a su guitarra y su sombrero de cowboy a un barco que tiene como destino Europa. Por circunstancias no reveladas terminará desembarcando en la Argentina, donde Cody deberá decidir si se convierte en Gaucho o impone la cultura norteamericana. Si bien el personaje de Cody se familiariza bastante con Jarred Jones -Historia de Bariloche- y con el bandido yanqui más famoso -Una carta de Butch Cassidy-, Agustina Gatto hizo un gran trabajo dando vida y llevando al teatro una temática siempre interesante: la inmigración estadounidense en la Argentina y su intento constante por atropellar nuestra cultura de origen. Se presenta esta obra con una escenografía agradable a la vista, pero simple. Al punto de no parecer austera, solo gracias al gran despliegue que hace Germán Rodríguez sobre el escenario. Este actor que parece no encontrar un techo a su carrera, nos regala una clara demostración del autodominio corporal que se debe tener sobre un escenario. Por la destacada interpretación de Germán Rodríguez, quién sostiene solo y sin tropiezos esta gran puesta de Agustina Gatto, creemos que “Rodeo” llega merecidamente como invitada al XIV Festival Internacional de Teatro de la Habana, Cuba.

 

 

Ezequiel Paredes

Revista Inrockuptibles

GERMÁN RODRÍGUEZ

VAQUERO SOLITARIO

Por Matías Capelli

 

 

 

ESCENAS Con naturalidad se toma Germán Rodríguez el hecho de que, a pesar de llevar años de carrera, fue recién a partir de la publicidad de un banco el año pasado que su rostro empezó a ser reconocido entre quienes no suelen ir a ver teatro independiente. Una visibilidad que, ahora, con su participación en la tira de la tele “El elegido”, no hará más que multiplicarse. “Es trabajo, no da quejarse. Por ahí hace unos años me hubiera generado más conflicto, pero ahora me pone contento”, dice. Mientras sigue en cartel Mujer armada, hombre dormido y Absentha (del grupo La fronda), por estas semanas acaba de estrenar Rodeo, un unipersonal escrito y dirigido por Agustina Gatto. Allí encarna a Cody Right, un híbrido entre el cowboy y el gaucho que se hace cargo incluso del doblaje cultural, de los clishés y los estereotipos del género, y hasta se anima a reactualizar la disputa entre civilización y barbarie, sobreimprimiéndole el discurso de la ética protestante. “El gran desafío fue encontrar la acción dramática, el motivo por el que este personaje está en escena solo y se pone a contar su historia”.

Más que un monólogo, Rodeo (segunda experiencia de Rodríguez en solitario) rompe la cuarta pared para crear con el público un vínculo directo y producir en la audiencia un efecto concreto. “A pesar de ser el único en escena, no me siento solo. El texto y el trabajo de dirección me van llevando, marcan un camino al cual volver. Y la iluminación, la escenografía y el vestuario, que a veces son algo accesorio, en este caso resultan fundamentales.

 

 

BUENOS AIRES HERALD

 

Along came a cowboy in search of his identity

 

 

Rodeo and jineteadas have much, very much in common, in format and spirit.

From Texas to the Argentine pampas, a cowboy stomps familiar ground in Rodeo

After Rodando, the one-man play written and directed by Alejandro Acobino, the talented actor Germán Rodríguez is going solo on stage once again with Rodeo, written and directed by Agustina Gatto.

The titles sound alike, as if both authors had agreed to name their creations in echoes, but the actor and the way the titles sound are not the only feature in common: the storytelling aesthetics and the cinematographic images they generate are also shared.

Rodríguez plays the character of Cody Right, a cowboy who came from Texas to the Argentine Pampas when he was twelve and who tells us what brought him here, the story of his family and how he managed to survive and move on in this Southern country. In a wooden set (designed by Anabella Gatto) made of rows of sticks suggesting a corral, Cody revives his genealogical tree (which includes a Mexican grandmother) and reveals some family secrets connected with the devil inside one of his uncles. A certain tragic event brought about his arrival in Argentina, his settlement in the countryside and his unsettled relationship with local gauchos.

The press release points out how Rodeo “revolves around two archetypical figures: the cowboy and the gaucho. Violent, poor, fugitives, lawless, the cowboys — as well as the gauchos — embody the process of a History: the History of industrialization, of colonized America, of the struggle for identity, of the delimitation of borders -and the subsequent usurping of territories, persecution and extermination-, of the appropriation of nature and land. In other words, of a kind of ‘civilization’ that, in our days, it is worth reflecting on.”

One of the most attractive assets of the play is, indeed, the way it smoothly connects the cowboy and the gaucho, with all the similarities mentioned above, but also with their differences. And this is also thanks to Rodríguez’s performance, gathering both archetypes in one person. He mixes in perfect doses the typical accent we are used to hearing in translated westerns with the jargon and lilt of gauchos. He switches between one of those hard-drinking tobacco-chewing tough men in Wild West saloons and the payador (a sort of Pampa’s bard or epic singer of tales) who alternates his mate with stories that demonstrate his braveness.

This mixture is justified by the origins of Cody’s ancestors and his birthplace, together with the influence of his residence in Argentina.

The very title of the play, Rodeo, speaks of a singular, crucial aspect between cowboys and gauchos: the same horseriding contest, called doma or jineteada. But rodeo also means “detour” in Spanish, and that is what Cody Right makes when he departs with his mother from the United States and arrives in Argentina by mistake (because originally they intended to get to Europe). So he makes this detour only to end up settling in a similar landscape with a similar life to the one he left behind.

But suddenly Cody takes clear distance from gauchos. Even if he points out that he doesn’t like them very much from the beginning, there is a violent event, connected with the doomed fate of his family — because it goes back to the reason that took him to Argentina — that definitely sets them as his opponents.

That is when his Protestant ideals begin to show and he starts to underline the importance of work, the road to the American dream and the door to increasing private property (or land), different from the principles of aimless, “lazy gauchos.” Little by little, he reveals intolerant aspects and he seems to be putting himself on the side of civilization in the classical dichotomy with barbarianism, so much quoted by Domingo F. Sarmiento when referring to gauchos.

And at this point Rodeo turns into a very rich and complex piece, because Cody, in spite of his sensitivity, is also a violent “barbarian” himself (like the typical cowboy), even though he blames a haunted or devilish hat for his crime and thus seeks redemption.

But what were cowboys actually like? Were they exactly as the movies portray them? Or are those clichés?

It is also true that José Hernández’ Martín Fierro, the most famous poema gauchesco and epic, is also full of violence and discrimination against native Americans and African descendants.

Following the style of the payador and the storytelling type of theatre (which goes back to the very origins of drama), Rodríguez skillfully wraps the viewers with his different inflections, looks and tones, performing many moods and characters. He even plays guitar and sings a song about his own misdoings. This solid actor, together with Gatto’s original text and accurate direction, take the audience for a captivating ride — crossing borders and exploring the infinite fields of identity.

 

Victoria Eandi

 

 

EN ESCENA HOY

 

Una vez más, Germán Rodríguez es capaz de poner todo su potencial escénico en juego para lograr una excelente interpretación. Con escenografía despojada, iluminación cuidada y vestuario correcto, la fuerza de esta historia está centrada en lo que el protagonista tiene para contar. Y la verdad es que el actor de obras como Rodando o Absentha logra transportar a la platea en un viaje de casi una hora por las praderas de Texas y la Pampa argentina. Este cowboy doblado al español nos narra la historia de su familia, con sus tíos Steve "el rayo" Right y Billy, que encuentran la muerte en su primer asalto a un banco en Nuevo México. Será él -llevado por un capricho del azar a habitar estas pampas junto con su madre- quien busque reivindicar el legado de sus ancestros en suelo argentino, y establezca aquí sus reglas de juego, basadas en los principios universales de conquista y dominio de la naturaleza típicas del positivismo de principios del siglo XX.

Esta es una excelente propuesta de teatro entresemana, con un Rodríguez que entretiene y despliega toda su capacidad en ese doble juego de similitudes que propone el gaucho y el vaquero yanqui. Sus tonos de voz y la cómica imagen de un cowboy hecho y derecho tomando mate o haciendo una payada para la platea son testimonio de la versatilidad de este actor, que retrata de manera certera dos formas de vida arquetípicas de la historia argentina y norteamericana.


María Pilar González

Planando sobre Bue - Mayo 2011
Planando sobre Bue - Mayo 2011

NOTICIAS DE TEATRO

 

"La balada del oeste"

Por Silvia Sánchez Urite

 

Llega de la mano de Germán Rodríguez (Rodando, Absentha) el cowboy Cody Wright, un ser aparentemente simple en sus ideas y acciones, pero Rodríguez/Wright va a ir hurgando en el origen de sus creencias.

El texto y la dirección están a cargo de Agustina Gatto, quien ha estudiado todos los clichés y estereotipos del vaquero de las películas Western, pero les da un giro personal y original.

De este modo, Cody Wright va a hablar del Gran Abuelo, el gran patriarca de la familia, sin mácula, un hombre de bien, y de sus tres hijos, uno de los cuales es su padre.

Recorremos con la imaginación un paisaje agreste, el de Texas, caballos y sombreros con propiedades mágicas y el Mal que se presenta y se encarna en Cody.

Pero Cody no es “culpable”, él ha sido tomado por un espíritu que recorre los campos, la foresta y los lugares deshabitados. Cody sería un villano, sin embargo, ¡es tan simpático!. Luego su vida va a tomar un giro y deberá emigrar del gran país del Norte hacia tierras del Sur.

Cody llena el espacio, con su revolver, su lazo, sus caballos, su sombrero y su típica vestimenta, con botas incluídas. Se aprecia la gran interpretación de Germán Rodríguez, en un espacio sin música, excepto la que sale de su guitarra. Y esto valoriza el texto.

Rodeo es una obra que investiga en un universo no habitual en la dramaturgia argentina contemporánea. Y en el tema y el actor está su fortaleza. El horario es los miércoles a las 21. 30 en en NoAvestruz, de Palermo.

SHOW ON LINE

 

Rodeo

por Diego Scarpati


Este unipersonal, escrito y dirigido por Agustina Gatto, explora dos figuras bien definidas y a la vez con ciertos puntos en común: el gaucho y el cowboy. Seres de tierra adentro; alejados de la urbe y las costumbres citadinas; moradores de paisajes desolados, ásperos; y transitando por la marginalidad, la violencia y los códigos típicos de esos parajes.


Germán Rodríguez (rostro familiar para la TV, ya que le da vida a “Amore” el personaje de los comerciales del banco Santander), interpreta a Cody Rigth, un cowboy alejado de su Texas natal, que el destino quiso que terminara trabajando la tierra en un paraje inhóspito de la Argentina de antaño. Un hombre que ahora se debate entre dos mundos, dos culturas opuestas (o tal vez no tanto); y parte de esa fusión de costumbres se puede sintetizar en una imagen más que elocuente: un vaquero tomando mate.


Cody comienza a narrar su historia, que es la de sus ancestros. Al principio la del arquetípico vaquero norteamericano, aquel que, como muchos, deja su Europa natal en busca de la Tierra Prometida, para trabajar el campo y ahí formar una familia. Y esta historia sigue, generaciones después, hasta comprender cómo un vaquero de Texas termina en nuestro país, donde unas de las pocas constantes continúan siendo la violencia y la precariedad. 


Rodríguez, a través de su relato nos lleva a experimentar distintas emociones. Esos cambios son acompañados por una correcta iluminación en una pequeña y apropiada escenografía donde predomina la madera. Su vestuario corresponde al típico cowboy texano, con una excepción: el termo y el mate; que le brinda ese toque criollo que el personaje necesita.


Básicamente Rodeo plantea el tema de la identidad, la América colonizada; y todos aquellos hechos que terminaron con ese resultado: la usurpación de tierras, la matanza de los pueblos originarios, la lucha por esa identidad, las tierras y sus fronteras.

 

A SALA LLENA

 

Rodeo

por Magalí Suárez

 

 


En el marco del festejo por sus 10 años, noavestruz presenta el estreno de Rodeo, un unipersonal escrito y dirigido por Agustina Gatto e interpretado por Germán Rodríguez.

Cody Right es un vaquero de Texas que nos cuenta una historia que comienza en sus añoradas y lejanas tierras de big rancho, donde vivía con su familia, su caballo y su guitarra, hasta que un día, por cosas del destino, sus tíos Steve "el rayo" Right y Billy mueren en un primer asalto a un banco de nuevo méxico. Y es en ese momento que su madre, queriendo llevarlo a europa, lo trae a estas tierras, lejos de la ciudad, donde intenta reivindicar el pasado de su familia, logrando una simbiosis de culturas en pleno proceso de industrialización, delimitación de fronteras y usurpación de territorios 

El espectáculo propone una búsqueda de la identidad, entrando en un juego de similitudes entre cowboys y gauchos, haciendo uso de una puesta en escena estática, con una escenografía sugerente, iluminación acorde y un vestuario impecable. También vale destacar la investigación histórica sobre estos dos países realizada por su directora Agustina Gatto y  Juan Laxagueborde, notablemente plasmada en el texto, otorgándole verosimilitud a la historia en cuestión.  

El actor Germán Rodríguez encarna un vaquero con registro de voz propio, es decir, ni norteamericano ni argentino, disponiendo de un amplio manejo del auditorio, transmitiendo cierta ternura por momentos. Recordemos que este actor ha recibido el premio “teatro del mundo” por “quienquiera que hubiera dormido en esta cama” y nominaciones por sus personajes en “rodando” y “absentha”. 

Por último, Rodeo ha sido invitado al “Festival Internacional de Teatro de La Habana”, Cuba, a realizarse en noviembre de 2011.

Tiempo Argentino 2-05-11
Tiempo Argentino 2-05-11
Buenos Aires Herald 15-04-11
Buenos Aires Herald 15-04-11

Nombre

Rodeo

Buenos Aires. Argentina